Relatos y cuentos 29 September, 2016 Jake No comments

Cuento corto de terror El conductor de la carroza fúnebre

Desde que cumplió los 18 años, Narciso se había desempeñado como repartidor de una empresa que prescribía pedidos por Internet. Le gustaba mucho su trabajo, pues durante las entregas podían conocer a gente de todo tipo.

Recogía su itinerario de entregas, encendía el GPS de la unidad y recorría las calles de la ciudad por seis horas sin parar.

Platicando con su cuñado, se enteró de que le pagaban más a los conductores de carrozas fúnebres que a él.

Cuento corto de terror El conductor de la carroza fúnebre

– No es posible, yo transportó material frágil y ellos a personas que ya están muertas. Expresó con cierta molestia.

– Eso es cierto cuñado, pero ¿qué tal si en uno de esos viajes se topan con un fantasma?

– Los fantasmas no existen. Únicamente los encontraras en las películas o en los cuentos de terror, pero no en la vida real.

Narciso le avisó con tiempo a su patrón que iba a cambiar de trabajo, pues como su jefe había sido tan bueno con él, no deseaba perjudicarlo de ninguna manera.

El primer lunes del mes de febrero, Narciso se presentó en la funeraria listo para trabajar:

– Aquí tiene su uniforme, por favor cámbiese y deje su ropa en ese perchero. Dijo el encargado.

Toda la indumentaria era obscura, con excepción de la camisa. Subió a la carroza y esperó a que el dirigente de la funeraria le indicara el domicilio en donde debía recoger al primer finado del día.

Cuando recibió el aviso, se subieron al vehículo dos integrantes más de la empresa, quienes eran los encargados de acomodar el féretro en su lugar.

– ¿Qué, le temes a los muertos?

– No, ellos no pueden hacernos nada. En cambio, de los vivos sí que hay que cuidarnos. Respondió Narciso.

Pese a esta contestación, los hombres que lo acompañaban, se percataron de que casi no hablaba mientras un cuerpo era trasladado al panteón. Eso les dio la idea de jugarle una broma pesada.

Cierto día uno de ellos le informó al Narciso que a su jefe se le había pasado decirle que tenían que llevar a un muerto que se encontraba en una de las capillas rumbo al camposanto.

– Pero si el día de hoy no he visto ningún servicio funerario aquí. Dijo Narciso.

– Si, en la capilla seis se encuentra el féretro que debemos transportar. Lo que sucede es que como tú entras a las 9:00 de la mañana, no te enteras de lo que sucede en el turno nocturno. Respondió el asistente.

Dentro de la caja se encontraba el otro ayudante, quien tenía pensado salir en determinado momento del trayecto, para espantar a Narciso.

Más o menos a la mitad del recorrido se escucharon ruidos en el féretro.

– ¿Qué es eso? Preguntó Narciso.

– No es nada, seguramente son tus nervios. ¿Dormiste bien? Mencionó el copiloto.

Sin embargo, antes de que el otro individuo pudiera salir del ataúd para asustar al conductor de la carroza, una aparición se dejó ver en el retrovisor del vehículo, haciendo que Narciso perdiera el control de la unidad y cayera al vacío dado que circulaban en el tercer piso del periférico.

Por suerte, no hubo ningún daño colateral. No obstante, los tres hombres que viajaban en la carroza murieron instantáneamente.